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miércoles, 2 de febrero de 2011

DAVOR VELNIĆ: "FRENTE A LA COMISIÓN"







DAVOR VELNIĆ nació en Rijeka en el 1953. Publica con frecuencia cuentos, ensayos y reseñas en la prensa literaria croata: Republika (República), Vijenac (Guirnalda), Književna Rijeka (La Rijeka Literaria), Rival, Kolo (La rueda), Novi Kamov (Nuevo Kamov). Hasta hace poco era el redactor en jefe de la revista Književna Rijeka.   
Entre otros libros, ha publicado las colecciones de cuentos Otoci i sjećanja (Las islas y los recuerdos, 1998) y Šest od šest (Seis de seis, 2004); las novelas Sveti prah (Polvo santo, 2000) i Pola suze (La mitad de la lágrima, 2007); los ensayos Čitajući Krležu (Leyendo a Krleža, 2001) y Nije namjerno (skice i crteži) (No es intencional - bosquejos y dibujos, 2008) y la discusión U iskonu glagoljice (Al principio del glagolítico, 2002). Trabaja para algunas casas editoriales como editor. Ž. L.



FRENTE A LA  COMISIÓN


Traducción de Željka Lovrenčić


Recordamos las anécdotas y
el hecho en sí se vuelve molestia

Esto se sabía y no se ocultaba, en la comisión nadie le ponía atención a la educación, o sea, a la preparación profesional. Lo importante era tener las buenas características de la tropa, la aptitud en el frente: por ejemplo bajo el fuego enemigo y eso fue que no pudo ser mejor. Conocía y algunos compañeros que preguntaban por su aptitud; así de paso, de manera discreta, pero, así, para asegurarse y anotarlo. Y su familia es intachable; o combatientes o fieles a la resistencia, simpatizantes, como los llamábamos, como además estaba anotado por parte de los jefes de personal en los libros especiales con las características. Algunos parientes todo el tiempo se mantuvieron de lado, como si la guerra a ellos no les importara, pero no fueron colaboracionistas, no. No, sólo habladurías pueblerinas, pero nunca se probó nada. ¡Pues, tiene que tener éxito, sólo un paso más, este de hoy, falta sólo esta junta y se acaba la ansiedad, luego un empleo elegante al servicio del estado será de él; hasta la gorda jubilación. Y tienen que cumplir lo que le han dicho. La promesa le fue dada desde que lo desmovilizaron, hace tiempo, justo aquella mañana cuando salió del hospital y hace un mes  le repitieron lo mismo  los compañeros del comité de la unidad territorial*.
         Nicolás pensaba algo así y se enojaba en silencio por los inconvenientes, mientras esperaba a que le invitasen adentro. Una vez más revisó la raya bien planchada en su pantalón, paseó hasta el gran espejo de la pared y para depurar sus pensamientos continuó a andar por el largo corredor. No tenía ganas de seguir sentado, el tiempo como si estuviera sentado con él; no se movía, tenía que estirar un poco las piernas, especialmente la herida. Estaba contento con su propia apariencia: aún era bien parecido y delgado y sin ningún remiendo. Todo planchado y limpio, burgués, pero lo suficientemente proletario, así de compañeros, informal. Y la gran cicatriz sobre el ojo izquierdo ya se había oscurecido, secado, ya no había huella del color rosado de la quemadura. Y daba a su cara juvenil aspecto
de seriedad y recordaba a algún, hace mucho tiempo olvidado, heroísmo. ¿Y quién recordaba que  fue sólo la explosión de una caldera dañada del hospital? ... Está bien. Y el parqué bajo sus pies chirreaba  significativamente, hasta un poco festivo. Los compañeros reconocerán las botas de oficial que calzó para esta ocasión. ¡Qué también sientan su orgullo; su grado de oficial!
Quedó de último, solo en el corredor, más de media hora. El corredor era sólo suyo. De nuevo se sentó, no quiso que aquellos dentro oyeran su caminar de arriba a abajo.  Me voy a relajar y pensar de cosas alegres, porque esta espera tensa sólo es el dañado temor  que seca la garganta y  es el mayor enemigo.
No tuvo demasiado éxito con las chicas, no tuvo ni una verdadera oportunidad. La guerra lo llevó del pesado trabajo en el campo al bosque y a los años de guerra - el corazón de la juventud - trajo sólo hambre y miedo. La herida del pie, recibida en los últimos días de la guerra, lo metió al hospital todo el año de posguerra. En Pag huían de los alemanes, quebró la pierna, una hemorragia interna y entonces la herida  empezó a supurar y apenas le salvaron la pierna en el hospital. ¡Después del incidente con la caldera en el hospital, pudo quedarse sin cara o sin cabeza y después la rehabilitación sin fin!
Afuera se celebraba y festejaba, la vida irradiaba alegría, la juventud se multiplicaba y compensaba el ayuno de la guerra. Y él se quitaba los calzoncillos sólo delante de los médicos, las enfermeras le daban inyecciones y esperaba rápida curación. Sí, sí, y eso tiene que mencionar frente a la comisión, aunque ellos lo saben; en realidad, ellos saben todo y todo está escrito en la ficha médica. Sin embargo, para que no se pierda y olvide, ha escrito todo esto con su rudo manuscrito en la petición.
Justamente lo atormentaba esta petición, aquella escritura difícil de leer que como que  marca su mísera educación, su analfabetismo que ahora se interpone entre él y su adelanto. Ni siquiera terminó la primaria hasta el final; y le gustaban los libros. Cuando estaba en los doce, el papá una mañana lo arrancó de la escuela y así soñoliento y débil me enganchó a la fatigosa vida del campo.                     
A menudo pensaba de su padre como en un enemigo de clase aunque sus traseros estuvieran cubiertos de pantalones igualmente rotos. En vano se esforzaba por justificar a su padre, encontrar la justificación por sus decisiones y perdonarle… Lo captó demasiado su  antiguo enojo -  no es ahora el momento oportuno para desmigajar los recuerdos del difunto padre y  los días de la penosa infancia. ¡Habrá mejores recuerdos!
                 Sigue paseando por el corredor, sus pasos son decididos, sin embargo, suavizados por el presentimiento y el miedo. El toque de la esperanza y de la incomodidad se hacen un abrazo. Decidió sentarse y tranquilizarse un poco, esconderse. Si aquellos en la sala oyen como va así de arriba a abajo  pensarán que lo ha agarrado el pánico. Apoyando su cabeza en la pared, pensó en su Lydia. Ella ha barrido todo el sufrimiento de la guerra y su compación propia sin sentido. Ella de manera abundante compensó lo perdido: y la juventud infeliz y el sufrimiento en el hospital y la guerra y todo lo que pensaba que le pertenecía. Extraordinariamente bella, amable, maestra, lo elegió justo a él. Ni él mismo sabía ¿cómo lo había logrado  y de qué magia  se trataba?, simplemente, ¿qué ha visto en él? ¿El destino lo compadeció, se volvió el favorito de la fortuna…?  O  por casualidad complació la fortuna con un buen acto suyo, quizá alguna súplica u oración en la guerra. No pasó ni un día sin que pensara en eso; no, con Lydia tuvo vergűenza de entablar esta conversación. ¿Quizá su esposa en él vio lo que ni él sólo nunca vio… notó? ¿Quizá sólo ella sabía cuánto podía ser leal y fiel? Este pensamiento le agradaba; algo escondido en él que nadie, sólo  Lydia hasta ahora lo  había visto. No obstante ¿por qué y qué virtud tenía escondida en sí? ¡Tantas preguntas sin respuesta! De todas maneras, amaba a su mujer y aún más estaba orgulloso de ella, la presa de su vida. Le agradaba la clara envidia de los jóvenes del pueblo y disfrutaba escuchando a su madre como delante de todas, a boca llena, elogiaba su hazaña. Vino desde Rijeka a trabajar a su pueblo y se quedó por su hijo. Una maestra educada de buena familia y no alguna… además y bonita, y se quedó sólo por él.
Verdad, la madre al comienzo temía cómo y cuánto duraría este matrimonio, pero su miedo exteriorizaba sólo con objeciones chillonas, de paso y con mal escondida indiferencia. Todo esto pasaba de lado a Lydia. Ella, como niño crecido en la ciudad, prestaba poca atención a la intrigas de los isleños y a los silenciosos cuchicheos; se movía de manera soberana entre las astucias del pueblo y su rígida educación ciudadana y sus modales  imponían hasta el entusiasmo. A él no le era desagradable visitar a sus padres, quedarse algunos días en su gran departamento y de nuevo examinar el montón de libros y los pequeños objetos ordenados en las vitrinas. O mirar con interés los cuadros en la pared - los retratos de sus ancestros, en su mayoría capitanes navales, la porcelana china traída en viajes lejanos y…. la señora del servicio. Nicolás lo sabía, al fin y al cabo lo había visto con sus propios ojos – su departamento regularmente, por lo menos tres veces a la semana, lo limpiaba una compañera mayor del suburbio, y la leche fresca la traía una lechera de Grobnik*. ¡Cada día! No le fue claro ni siquiera entonces cuando el secretario de la unidad territorial un poco después le explicó que los padres de Lydia eran simpatizantes y pertenecían a la inteligencia honesta ya antes de la guerra, y durante todo el tiempo de la guerra. Y ya no pensó más sobre los padres de su mujer, hasta ahora. En este corredor, transformado a sala de espera, aparecía la vieja incomodidad y la estúpida duda.
- Nicolás, ahora tú. Entra - de la puerta lo invita Andrey. En verdad su verdadero nombre era Andrés, pero Andrey hasta hace poco estaba “en uso”, de alguna manera de camaradas… Ahora ya no, pero quedó aceptado Andrey y se hizo común, Andrés se olvidó.
La comisión del personal estaba en  pleno, justo como le fue dicho: cuatro miembros y el presidente. Cuando entró, sólo de manera indefinida saludó y con la cabeza baja como el inculpado se sentó en la silla vacía delante de su mesa. A todos los conoce desde los días de lucha. No necesita desafiante levantar de la cabeza y explicar quien es él y cómo es cuando se empieza a disparar; con ellos aguantó algunas de esas acciones de armas y se lució.
Sin embargo, sólo una ojeada a la comisión le fue suficiente para aumentar su duda sobre un buen resultado – ¡no conoce al presidente de la comisión y, antes, nunca lo había visto! Quizá vino de Zagreb, Belgrado…no, no cree que la cosa fuera tan en alto. El traje nuevo e impecable del presidente, la corbata multicolor como de película americana hacia presentir su origen ciudadano y buena educación ¡quizá hasta la facultad! En una palabra - dificultades. ¡Señorcito! ¡Y él también seguramente pertenece a aquellos simpatizantes de  salón sin los cuales difícilmente o de ninguna manera hubiéramos terminado la guerra!  Hicieron  el cambio y nadie le avisó ¿por qué el viejo Vilko ya no es el presidente de la comisión? Anteayer se vieron, tomaron una copa de vino, charlaron y no le  mencionó nada ni le hizo presentir. Aquel arregladito a la cabecera de la mesa seguramente es uno de aquellos peligrosos e inteligentes - intelectuales; letrados de diablo, manejan sólo palabras. Pulen sus frases, derraman su sabiduría, ¡y cuándo se empieza a disparar se mantienen al seguro y de repente se callan! Y entonces de nuevo sólo hablan, siempre lo mismo y sin embargo de  manera diferente. El miedo se desvanecía despacio  ante el empuje de la ira; se sentía burlado, engañado y abandonado. La furia le golpeaba la cabeza, diría algo, pero sentado en una silla insegura y lleno de precaución, se quedó callado.
El enojo de Nicolás y la, por un momento recalentada valentía, se enfriaba bajo la mirada vidriosa de aquel que presidía y quien entre sus dedos sostenía su petición y se torturaba por leer sus apretadas letras. Nicolás maldecía su estúpida terquedad, aquella imprudencia y malvado despecho cuando rechazó la ayuda de Lydia. Siempre, y especialmente delante de ella se avergonzaba de su educación y apenas aceptable conocimiento de la escritura, y ahora eso se le revienta en la cabeza. El hilo de su seguridad propia  se rompía en delgados hilillos cuando el presidente de voz alta empezó a deletrear su manuscrito. Los miembros de la comisión, mudos, se miraban en silencio; en realidad una  estúpida y silenciosa incomodidad tomó posesión del sitio de honor decorado con las banderas estatales y del partido. Y el camarada Tito está aquí, lo mira desde la foto directamente a los ojos.
- Sí, sí - en voz baja y para sí mismo murmuraba el presidente ajustándose sus delgados anteojos de metal para observarlo mejor - aquí todo está limpio y claro, ¿no es así?
A Nicolás estas palabras le provocaron aún más miedo. En los momentos de incomodidad la cicatriz en su cara enrojecía la delgada piel de la quemadura y toda la cara parecía provocativamente roja. La cicatriz  revivía de manera traicionera y  Nicolás sabía que ahora el cutis rosado señalaba su incomodidad. La cicatriz se alimentaba del miedo y el odio,  trágica combinación del fracaso.
Abandonado a la helada tortura de la angustia y cansado de pensar, dirigió al  presidente una mirada llena de temor y miedosa  ansiedad,  logrando pronunciar sólo un débil – siga.  Torpe y totalmente innecesario, miserable y sin sentido. Andrey sale, ¿quizá sólo para poder reírse en voz alta?
Maldito intelectual, lo sabe todo, se enojaba Nicolás, pero sólo para sí. ¿Qué es lo   claro y a quién? Jesús Cristo, y en su casa ya está listo el almuerzo de celebración, ¡hasta los padres de Lydia trajeron el pastel de la mejor pastelería en Rijeka! A Dios no lo imploraba ni cuando caían muertos alrededor de él y ahora delante de este arrogante tipo con anteojos él, ateísta, implora a Jesús que le ayude y se cuida para que la comisión no le lea el Padrenuestro de los labios. ¡Repugnantemente traicionero! Y todo el pueblo en él ya veía un hombre importante, ya había hecho y algunas promesas, así de paso, más por apariencias que para  realizar algún provecho.
   La mirada indiferente que arranca y desnuda miraba la confusión de Nicolás. Sólo ahora Nicolás se fijó a su estrecha cara arrugada, al color de sus ojos picado de alcohol y los cigarrillos y el insomnio que no cede. Sí, un verdadero tipo nocturno a quien los libros comieron los ojos y la salud. Se acordó de tales tipos… la ideología de las luchas de clases y el ahogo en los cursos políticos. Uno de aquellos delante de quien nunca se habla nada, ni en broma ni en serio. ¿Era investigador en la Isla? Ésos nunca saben de broma y lo que más les gusta es encontrar el enemigo entre sus amigos y conocidos.
- Compañero Nicolás, por favor, díganos, ¿cuál es su profesión?... ¿Qué escuela cursaba? Todo está en orden y según lo acordado; sólo, compañero Nicolás, tenemos que anotar y eso, aquí se trata de la posición de director. Formalidad, aquí está, mire Usted, para eso existe una rúbrica especial. ¿Qué vamos a escribir?
¡Mira no más! Todo en orden, y lo dice delante de todos, pero el presumido no deja de insistir en la rúbrica vacía. ¡Qué oficio o qué profesión! ¡Qué escriba lo que quiera! Combatiente, sí, combatiente, patriota; lea la solicitud y pregunte a los compañeros, aquí están. A la fatigosa realidad la corroía el pánico. Pues, qué le digo, la palabra pronunciada es una trampa. Maldito presumido intelectual, ¿a quién humilla? ¡Ésas tonterías qué escuela nunca preguntaban a nadie, no es la primera vez que está delante de una comisión! Quizá lo mejor sería contestar: campesino y combatiente. ¡Justo así! Pero, no, eso no es suficientemente bueno y todos podrían burlarse de él porque ya hace tiempo que había sacudido el polvo de sus zapatos. ¡Y se trata de la posición de director, de funcionario! Como un péndulo vacilaba entre la esperanza y la desesperación. Quizá al final tendría que colgar algunas medallas y llegar delante de ellos… pero, sin embargo, no, hizo bien cuando hizo caso a Lydia y dejó las condecoraciones en la casa.
Los pensamientos corrían apresurados e inútilmente, le parece que ya siente el  silencio  enemigo. La eternidad de esos horribles momentos se sentó en sus labios y los paralizó; no puede  hablar, ni siquiera balbucear, y el silencio insoportable sigue. Si por lo menos hubiera hecho algún curso de enfermero siendo que ya hace tantos años se arrastraba  por los hospitales; algo ya había y aprendido, y ahora escribiría en la rúbrica - empleado en medicina. Lo aconsejó bien el pájaro de mal agüero de su madre; por lo menos pudo pasar con Lydia a través de una situación como ésta o a lo menos conversar sobre ello, ¿quizá ella le hubiera dado algún buen consejo?
El silencio se amontonaba llenando todos los rincones de la sala cuando llegó volando la salvación por si sola. Lydia, sí, y la solución saltó como tórtola del cilindro de prestidigitador. Nicolás empezó a toser significativamente contento con su astucia, y se hundió con valentía en la mirada del presidente.
- ¡Sí, claro! ¡Escriba, sólo escriba Usted en la rúbrica libremente: el marido de la maestra!                                                                                 


*  Unidad territorial en la época de la ex Yugoslavia que abarcaba varios municipios. (n. de t.)
 * Grobnik - lugar cerca de la ciudad de Rijeka. (n. de t.)



(El cuento pertenece a la colección Šest od šest (Seis de seis)    
               
  

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