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sábado, 3 de octubre de 2015

"ANTOLOGÍA DE POEMAS" DEL POETA CHILENO DE ORIGEN CROATA FRANCISCO MARTINOVICH SALAS





De Sospecha de nada (Gramaje Ediciones, 2014)


Púa
Amiga,
te mataron en la calle
abrazada por el sol de la tarde.

No hubo coronas, no hubo homenajes,
apenas la mugre que viste las cunetas,
una botella vieja, unas hojas secas.

Te mataron y no se constituyó la escena del crimen,
no hubo tiras ni hubo jueces,
ni siquiera un amigo que supiera de tu muerte.

Amiga,
ya no estás
pero yo sé que el Sol,
que fue rey y salvador en otra era,
te llevará a los cielos más altos
donde no hay autos que te pasen por encima,
donde no hay miedo de salir a la calle,
donde todavía estás viva.


Eterno retorno
Lo que más
Lo que más me gusta
Lo que más me gusta del fútbol
Lo que más me gusta del fútbol son los futbolistas
Lo que más me gusta del fútbol son los futbolistas que se van
Lo que más me gusta del fútbol son los futbolistas que se van prematuramente
Lo que más me gusta del fútbol son los futbolistas que se van prematuramente del equipo
que se van prematuramente del equipo
porque desde ese día
su vida
es un eterno camino
de regreso a casa.


Ser
Ser
un ser humano
de segundo orden,
un simple extra en el sueño de mi vida.

A lo más un libro en la estantería.


Los pájaros

Los pájaros son como los hombres
egoístas, mezquinos,
rechazan a otros de su misma especie,
pelean su pareja, comida y territorio,
hablan, cantan, saltan y vuelan,
mueren de pena,
muchos son vegetarianos
o naturistas si comen semillas,
protegen sobremanera a sus crías,
sufren también del complejo de Edipo,
mueren por desilusiones amorosas,
mueren en la guerra,
mueren atropellados,
son fieles,
son infieles,
algunos son rapaces,
otros comediantes,
mueren de hambre y de frío,
fácilmente, sin razón ni remordimiento
te cagan, como si nada.

Son pájaros y son como los hombres
con la salvedad de que los hombres
no tenemos alas.

Casi casi

Cuando se besan
él cierra los ojos
y los abre solo
para sapear,
para saber
si ella tiene
o no
cerrados los suyos.

Chiste

Hay un chiste que no me contaron hoy,
lo escuché en la calle,
lo vi pasar por la vereda
y colarse en una tienda.
Hay un chiste que cruzó la calle
y se cayó
y todos se rieron,
nadie lo miró a los ojos,
se rieron solos como lobos.

Hay un chiste que está pasando
pero nadie se ríe de él
porque nadie quiere escucharlo.

Sospecha de nada

Hijo mío, te dirán
sospecha de nada en esta tierra,
alimenta al tercer mundo,
haz la cama antes de salir
de la casa.

Ni se te ocurra
–ni por si acaso –
levantar falso testimonio
ni probar cigarros verdes.

La verdad la dirán siempre
esos tíos de la tele,
da lo mismo el canal que estés mirando,
créele a los que tienen plata
porque saben no más.

No salgas a la calle,
allí dicen mentiras:
las casas de mentira,
los pájaros, los perros,
la gente que te mira
son puras cosas falsas.

No comas sopaipillas
ni cruces cuando hay rojo,
cuidado: la muerte está asechando
en busca de inocentes.

No mires a los ojos
a los niños rebeldes,
a mi no me hagas caso,
no sacas nada
con cepillarte bien los dientes,
siempre habrá en tu boca algo malo.

Cuídate de los amigos
y de los santos,
su amor te traerá bombones y pastillas,
y uno que otro orgasmo.

No estudies de tus libros,
cuidado: no te tires tan brusco
en el recreo si juegas a la pelota.

Solo hay un consejo leal,
hijo mío
que escucharás de tu padre:
“este mundo no es real,
no le creas a nadie,
sospecha de todo
lo que se te cruce por delante,
el destino, sí o sí juega chueco.
Levántate, hijo,
no hay nadie bueno en esta casa grande”.


De Puertas abiertas (Inédito)


Campana

Hay que boxearle a la vida, viejo tío
hay que pegarle y darle duro hay que guapear
hay que moverse ligero, siempre vivo
hay que clavar la lanceta hasta el final.

Hay que topársela un día en un local
y hay que achorarse cuando se ponga brava
hay que agarrarle las pelotas como garras
y no soltárselas, que sangren, animal.

Hay que boxearle, viejo tío, hacia adelante
hay que romperse los puños en su cara
y que la muerte nos pille desprevenidos
solo después que haya sonado la campana.


Perro

Si en la vida éramos dos perros
nada más
dos perros, ocho patas, dos cabezas
por qué no fui yo el abatido perro
el que arrancó de la vida
a la calle de la muerte
que tiene un solo sentido.

Por qué no se quebró también mi costado
ni sangraron palabras de mi boca,
por qué fuiste tú el enterrado
y no está mi mano meciendo tu nuca.

Ahora nunca podremos saber
que si en la vida éramos dos perros,
ocho patas, dos cabezas, dos colas,
hoy ningún corazón ladra
hoy el agujero de tu vida
todo calla.

La sangre en el tejado

Y la verdad que fue la historia escrita
la verdad fue una misión de mercado
y la verdad fue una bandera plantada
donde otro antes ya había plantado.
La verdad fértil, floreció por años
y por siglos hasta que un dedo apuntó
donde otro antes ya había apuntado.
Y la verdad es que el destino estaba hecho,
regalada la tierra, vendidos los esclavos,
delimitado el blanco en el centro del negro,
chorreada la sangre
donde otro antes ya había chorreado.
Y la verdad explota en los hospitales,
y la verdad explota en las manos,
y la verdad explota en las cabezas,
y la verdad es la sangre en el tejado.

Todo
Bien lo dice el dicho:
aquí
no ha pasado nada,
aquí
ha pasado todo.


Francisco Martinovich Salas (Santiago, 1987):

Licenciado en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica de Chile y Magíster en Literatura por la Universidad de Chile. Fue becario de la Fundación Pablo Neruda (2011) y ha publicado los poemarios Lidia (yogurt de pajarito, 2013) y Sospecha de nada (Gramaje Ediciones, 2014). Además es co-editor del libro Obra Poética Juan Marín (Cuarto Propio, 2014). Es profesor universitario, colaborador del sitio web Poesía y Crítica y director del Taller permanente de poesía en Taller Estudio 112.

ORIGEN CROATA:

Los Martinovic (sin “h”) que llegaron a América del Sur son originales de las regiones de Donji Humac y Supetar, en la Isla de Brač. Arribaron a la Patagonia chilena a principios de siglo XX. Mateo Martinovic, nacido en tierras eslavas, fue comerciante en Punta Arenas y estanciero, dueño de la estancia “Santa María” en la Isla de Tierra del Fuego, durante el período de la fiebre del oro. Mateo conoció en Punta Arenas a Juanita Draguicevic, argentina hija de inmigrantes croatas. Tuvieron 4 hijos: Dinko, Katalina, Rosa y Emilio. Este último llegó a Santiago a los 18 años, escapando de los designios impuestos por su familia que le imponían el camino de la milicia. Tuvo un hijo (Francisco, en Chile) y una hija (Vani, en Argentina). Ambos no se conocen personalmente hasta la fecha. Vani tiene dos hijos (Fausto y Ángel Ciro) y un hija (Victoria). Francisco por su parte tiene tres hijos (Francisco, José Miguel y Joaquín). Francisco y sus tres hijos llevan el apellido Martinovich, con “h” al final. Mateo Martinovic murió en Magallanes. Todos sus hijos fallecieron, siendo el último Emilio, el año 2004 en Argentina.

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